miércoles, mayo 03, 2006

LIBERALISMO EN SU HORA MENGUADA, Parte II

Usted critica que a veces los liberales tomen “atajos” que en realidad son falsos atajos, como la dolarización forzosa, lo cual es antiliberal ciertamente. Pero, ¿es malo criticar el reformismo sempiterno que al final no nos conduce a reducir la omnipresencia estatal?
Pero vamos a ver, en primer lugar, ¿quiénes son “los liberales”? Hay que comenzar por deslindar. No lo son más que de nombre los “liberales” tipo socialdemócrata, al estilo de Suecia o EEUU. Pero tampoco los anarquistas, anarcoides y anarcófilos, pese a las confusiones de muchos discípulos de Rothbard.
Vamos a entendernos: “liberalismo” es el Clásico, el de Mises y Hayek. No hay otro. Lenin escribió en 1913 que marxismo es Economía clásica inglesa, Filosofía (idealista) alemana, y socialismo (político) francés. Muy cierto: eso es el marxismo. Análogamente, el liberalismo es Economía austriana, Filosofía realista, y Escuela (jurídica) del Derecho Natural. Y en esos parámetros difícilmente entran corrientes como la Escuela de Chicago. (Digo austriano, no “austríaco” porque se confunde con la política en Austria.)
En segundo lugar: “reformismo”. ¿Qué reformas? Los atajos no reducen la omnipresencia estatal. Las reformas graduales tampoco. Esas “reformas de mercado” que los economistas “neo” liberales de Chicago nos impusieron desde los ’90 -supuestamente de varias “generaciones”-, tienen muy poco o nada de libre mercado, de completa apertura a la competencia irrestricta, doméstica y global. Por lo tanto no es extraño comprobar que tales “reformas” NO reducen la ineficiencia, la pobreza y la miseria, la corrupción, la opresiva autoridad del funcionario, la ausencia de seguridad y justicia, o cualquier otra de las consecuencias y manifestaciones del estatismo, el cáncer de nuestra sociedad.
La salida es la desestatización. Gobiernos limitados, mercados libres, e instituciones privadas separadas del Estado. Eso es. Pero los liberales -reputados o sedicentes- ¿proponen la desestatización? En su mayor parte escriben artículos y ensayos (en Internet o la prensa) críticos y ácidos contra el socialismo y el mercantilismo, y el estatismo en general, y el colectivismo. Muy bien, pero, ¿le describen a la gente corriente y moliente, en palabras más o menos entendibles, cuál es la salida, y cómo se hace para llegar? No. Casi todos adscriben a la Escuela de Chicago, y defienden ciertas “reformas” estatistas con argumentos “técnicos”, o con la falacia de que hay otras que son todavía mucho peores, o “peor es nada”. Es lo que llamo “malmenorismo” y “peoresnadismo”.
La opinión pública está mal orientada por guías ciegos, y no comprende la naturaleza ni la causa del mal, mucho menos el remedio. No hay todavía partidos que hagan pedagogía política, mostrar a la gente el remedio, la salida: las auténticas reformas de libre mercado: la privatización popular, la desregulación completa -con desmonopolización- y la puesta del Estado en su lugar, en sus tres funciones propias: seguridad, justicia y obras genuinamente públicas. Para ayudar a fundar esos partidos nace precisamente la Conferencia Liberal Hispanoamericana CLH. Porque hoy en día, aparte los partidos socialistas -de la Nueva Izquierda o de la Vieja-, sólo hay partidos vagamente conservadores, identificados con la Vieja Derecha mercantilista. Por eso a cada “generación” de reformas graduales, se sigue siempre la reacción: una tremenda oleada roja, en las siguientes elecciones, una inundación de votos de izquierda, ahora de la Nueva Izquierda, con Chávez, Kirchner, Evo, Tabaré, Ollanta, AMLO o el que sea.
Pero, por último y tercer lugar -y esto es lo que yo critico- ¿quiénes tienen la culpa de esa ausencia, sino los mismos círculos liberales austrianos de escritores antipolíticos, que parecen haber hecho un voto de castidad política? Con sus artículos y ensayos, pretenden convencer a los socialistas, demostrarles que el socialismo es malo. Inútil. El socialismo no es malo para los socialistas, que viven muy bien con el estatismo, con sus cátedras y asesorías, puestos y colocaciones, y sus columnas de prensa y programas de opinión. Algunos son gerentes de empresas contratistas, subcontratistas o licenciatarias del Estado; otros tienen sus propias empresas de consultoría, encuestas, publicidad o periodísticas. El estatismo es su pingüe negocio. ¿Cómo van a “convertirse” al liberalismo?

Por eso yo digo desde hace años: no hay atajos. Hay salida. Que pasa por constituir un grupo político liberal, de tipo ideológico, austriano, núcleo de un partido abanderado de la reforma constitucional, de contenido liberal, para todo el país, en una Nueva Constitución, o para una región, en un Estatuto autonomista. Sin embargo aquí tenemos otro problema: la falta de formación austriana y clásica de muchos liberales profesionales o técnicos de clase media, que son anti partido o anti política, porque lamentablemente han asimilado toda esa cháchara gramsciana de la “sociedad civil”, y todo el cuento de la Posmodernidad, con un fuerte sesgo anti racional y partidofóbico, corriente a la cual se agrega la “Nueva Era”, con una fuerza tremenda, en igual sentido y dirección. Desafortunadamente este clima, este ambiente, no es favorable a pensar claro, a encontrar la salida.
Para cambiar este clima fue que en Marzo de este año 2006, Rumbo Propio del Zulia, Venezuela, y el Instituto de Libre Empresa (ILE) de Lima Perú, promovimos la 1ª. Conferencia Liberal Hispanoamericana. La CLH es un organismo permanente ahora; yo soy su Director-Presidente, y José Luis Tapia (Presidente del ILE) es su Director Ejecutivo y VicePresidente. Estamos en el proceso de integrar grupos, instituciones y personalidades liberales de diferentes países, con una cierta visión compartida que se expresa en nuestra “Declaración de Objetivos” de la CLH.