jueves, julio 19, 2007

Qué hacemos con la tele pública

Cerrarla, sin más. Repito por si acaso, cerrarla. Otra vez, la tele pública hay que cerrarla. Creo que ya ha quedado claro. Los motivos deberían sobrar pero desafortunadamente no podemos pasarlos por alto. Aunque pueda parecer increíble todavía hay quien cree que la televisión pública tiene alguna función. Bueno, función tiene pero en ningún modo tolerable.

El estado utiliza la educación para adoctrinar a las masas cuando aún son carne fresca y al crecer echa mano de la propaganda que la televisión pública escupe para continuar la mentira. Así es como consigue el estado mantener a la población en un estado de servidumbre total. Afortunadamente las cosas no son tan trágicas en las sociedades occidentales. Ya pasó la época del vergonzante lavado de cabeza en la mayoría de países y la tele pública queda como un vestigio de lo que fue su sentido original. Ya no recurren los políticos a sucios tejemanejes para controlar la televisión, ahora lo hacen de forma natural, no ya tanto en contenidos sino en cuanto a financiación, que para el caso es igual de despreciable.

UTECA es la asociación de televisiones privadas y según nos han hecho saber no están muy de acuerdo con la forma en que el ente público de televisión se financia. Dicen que lo que hace Televisión Española es competencia desleal porque si bien pugna como las demás televisiones por atraer a los anunciantes, además se nutre de fondos públicos en caso de que sea necesario y hasta donde sea necesario. En otras palabras, los empresarios de la televisión se quejan con razón de una práctica que de verdad es competencia desleal sólo que no se dan cuenta que no sólo ellos sino todos los empresarios que actúen en un campo donde también esté el sector público tienen los mismos motivos para quejarse. La diferencia es que unos han tenido las narices de decirlo abiertamente y los otros no.

Para explicar estas cosas me gusta emplear el ejemplo de la librería. Piensen en una modesta librería de su barrio. En principio da un buen servicio, los clientes están satisfechos y se diría que está realmente realizando un buen servicio público (este y no otro es el auténtico sentido de servicio público). De repente algún iluminado político decide que el estado ha de garantizar la cultura a todos los ciudadanos (aún cuando la provisión privada de libros hace que no exista escasez sino todo lo contrario en este sector) y para conseguirlo decide montar una librería pública al lado de la de toda la vida. Lógicamente la gente del barrio empieza a ir a la librería pública porque aunque el servicio es claramente peor da gratis los libros y contra eso es muy difícil competir. Ante ello el librero del barrio tiene dos opciones: bien especializarse (como hace la educación y la sanidad en sectores de nivel de renta alto), bien cerrar. Al final el estado ha creado un problema donde no lo había. La gente estaba bien abastecida de libros pero aún así decidió intervenir. Con la tele pasa algo parecido, es más que evidente que Televisión Española no puede ofrecer nada que no lo hagan con mejor calidad, cantidad y condiciones la teles privadas, pero por arte del estatismo la tele pública sigue abierta.

Ahora la estrategia del estatismo televisivo pasa por una treta viejísima pero que sigue teniendo mucho éxito. Se trata de intentar colarnos una redefinición conceptual muy del estilo izquierdista. Ahora servicio público no es aquel acto por el cual uno ofrece algo que el público aprecia y por el que está dispuesto a pagar, no, cuando se habla de un servicio estatal lo importante no es si la gente lo quiere sino si el burócrata encargado del servicio lo estima lo suficientemente de su agrado. Por ejemplo, nadie ve La 2, la segunda cadena estatal, pero a nadie se le ocurre criticar su existencia porque ofrece documentales y programas supuestamente cultos. Es curioso, a nadie le interesa un pimiento el apareamiento de la nutria pero todo el mundo cree que eso es un servicio público. Cuesta un ojo de la cara pero es lo bastante progre-cultural como para mantener abierto el canal.

Si volvemos al ejemplo de la librería sería algo así como si la gente quisiera leer novelas de amor de poca monta pero la librería pública insistiese en vender libros de antropología africana simplemente porque aquello suena mejor. Se equivocan de todo punto quienes creen que un buen servicio público consiste en ofrecer productos y servicios que a nadie le interesan pero tienen buen cartel entre los intelectuales, por ejemplo. Un servicio público de calidad se distingue por ofrecer lo que los consumidores quieren a cada momento al menor precio posible. Vamos, justo lo contrario de lo que hace la televisión estatal.
Para finalizar volvamos al asunto de la financiación. UTECA alegaba que lo justo sería que la televisión pública no compitiese por los anunciantes. Ya dije antes que estaba de acuerdo con su reivindicación pero no en esta parte. En la medida de lo posible prefiero, en calidad de pagador de impuestos, no afrontar la costosísima Televisión Española. Es ya lo suficientemente grave que el billón de pesetas (me perdonarán pero con estas cantidades me pierdo en euros) de deuda que arrastra el ente público como para permitirnos que siga engordando. Es más, yo soy de los pocos que defiendo que se pague 80.000 euros a la nieta de Franco por asistir a un programa porque a buen seguro esta mujer factura mucho más. Aunque sabemos que es imposible, en la medida de lo posible y por el bien de nuestros bolsillos es deseable que las empresas públicas intenten acercarse a los parámetros de eficiencia empresarial y abandonen la táctica de los documentales de gacelas que a nadie gustan y a todos nos cuestan.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo que no debe de existir es la Televisión, es un cancer para la humanidad.

DonCorleone dijo...

Toma ya!!!

Guillemro tell dijo...

Vaya frase que te ha salido.
Te daremos el Ruano.

Anónimo dijo...

Andalucía CejiJunta

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angel dijo...

Creo que no me ha quedado claro qué hay que hacer con la televisión pública española... xD

Coincido con los argumentos, especialmente ahora con la gran oferta que tenemos con la televisión digital, ya no hay excusa para argumentar que La 2 siga existiendo para ver documentales de naturaleza (en cualquier pack tienes un par de canales de 24H de esto).
El pero que le veo es que se hace con toda la gente que trabaja allí después de cerrarla.. ellos eran inocentes al fin y al cabo. Me gustaría que, si alguien conoce con detalle algún caso en el que algún medio público se haya cerrado, me dijera qué han hecho con la gente que se ha quedado sin trabajo.
No me imagino que se hiciera esto en España.. los sindicatos se volverían locos y empezarían a quemar no sé qué, la "Kale Sindical"