lunes, mayo 01, 2006

A VUELTAS CON ESPAÑA

Es ciertamente compleja –de paso, también, vergonzosa- la situación que desde hace un buen tiempo venimos sufriendo en España con el dichoso debate que muchos llaman “territorial” en el que los términos son constantemente pervertidos, no sé si adrede o no.
Personalmente, he evolucionado bastante últimamente llegando a ser mi conclusión, más o menos, que si bien los ciudadanos deben poder organizarse –como estado- de la manera que gusten, no creo que esté en su mano decidir qué son como colectivo –nación-.
Así, España podría configurarse como surgiera de la voluntad de los españoles, pero no por ello dejaría de ser España. Ser o no ser nación –that´s the question- no es algo que pueda ser definido en base a un determinado proceso electoral en tanto que el significado que esta palabra conlleva tiene, a mi entender, más de pasado que de futuro. La nación no es, como decían los falangistas de antaño, aquello de la empresa colectiva con destino universal, sino el resultado de un largo proceso histórico que se ha ido formando de manera espontánea, que es el que es, y que no admite definiciones impuestas por lo artificial que esto resultaría. El día es día por más que los catalanes se junten y voten que es de noche, de la misma manera que España es España por más que nos vengan a contar lo contrario. He ahí la historia. Si esto es ser nacionalista –otro de los términos prostituídos- que venga Dios y lo vea. Cosa distinta es que cada quien sienta en su fuero interno lo que le plazca. Si un catalán o un español o un albaceteño sienten de manera especial la tierra, ningún problema debe haber en ello, siempre que este sentimiento no quiera imponerse a otro y nazca de la plena libertad.
Aquí, vienen al caso unas líneas del artículo que firma hoy Germán Yanke en ABC:

Si el franquismo dio carta de naturaleza a la democracia orgánica de la familia, el municipio y el sindicato, no era por apego a esas instituciones ni al derecho de asociarse de los seres humanos, sino para suplantar -una ficción, un artefacto- a los ciudadanos individuales. Lamentable sería que tratáramos ahora de sustituir a los españoles -tachando a los que se resistan de nacionalistas- por las comunidades autónomas inventándose a sí mismas como naciones. O formulando identidades y patrias que, como decía Gombrowitz, son los ropajes que disimulan la desnudez intelectual”.

2 comentarios:

vitio dijo...

La Constitución de Cadiz lo dejó muy claro: La soberanía nacional no reside en ninguna familia o en ninguna propiedad: reside en el pueblo español.
Ahora, años más tarde, estamos discutiendo eso. En fin...
Saludos!!

Berlin Smith dijo...

La cita original de José Antonio, creo recordar, era España es una "unidad de destino en lo universal". Me imagino que lo de empresa colectiva no lo utilizaría, porque en ese tiempo colectivización era un término socialista. Bueno, esto es anecdótico.

Dices bien que no nos hacen un país de ciudadanos. En mi opinión, y no me extiendo, pues básicamente es mucho de lo que escribo en mi blog, España y lo español carece de connotaciones positivas y modernas como término linguístico. Eso tiene un fundamento real, todo lo más moderno, lo más democrático, no tiene en nuestra tradición el color rojigualda: basta ver los retratos que se hacían los falangistas. Basta ver la falta de popularidad de la gbandera española en los territorios en que hay una alternativa consistente (prácticamente todos).

También responde a una asociación de atraso, ineficacia e incultura. Hoy la realidad no es esa: no es el país de acomplejados bajitos que corren en calzoncillos en las películas de los años setenta. Basta mirar enrededor. Pero tardan mucho en borrarse las imagenes y todo el desarrollo español no es visto como un exito español, sino en todo caso local.

Requiere liderazgo y dar motivos para sentirse orgulloso del concepto España al más o menos 50% que no acaba de estar confortable con esos símbolos y sus connotaciones.